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¿Puede Ayudar La Tecnología A Evitar La Extinción De Las Abejas?

¿Puede ayudar la tecnología a evitar la extinción de las abejas?

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Las poblaciones de polinizadores han entrado en declive, llegándose a hablar en algunos círculos académicos y científicos del inicio de la extinción de las abejas. Ante esta situación de extrema urgencia universidades y organizaciones de todo el mundo se exprimen el cerebro para revertir el problema apoyándose en la tecnología.

Extinción de las abejas

Cuesta imaginar un mundo sin flores, árboles y zumbidos. Sin embargo, lejos de las distopías planteadas en populares series como Black Mirror o aclamados libros como La vida de las abejas, los polinizadores, y en concreto las abejas, están desapareciendo.

Las causas de la extinción de las abejas son variopintas, pero igualmente importantes: el Cambio Climático, la pérdida y deterioro de hábitats naturales, parásitos y enfermedades o especies invasoras como la avispa asiática, la cual ha colonizado gran parte de la Cornisa Cantábrica y el norte de Portugal y Francia.

Sin embargo, tal y como explica Luis Ferreirim, responsable de la campaña de Agricultura en Greenpeace España, “la mayor amenaza para los polinizadores es la agricultura industrial basada en el uso de plaguicidas peligrosos y el fomento de los monocultivos”.

Esta forma de cultivo ya fue denunciada en 1994 por la Agencia Europea de Medio Ambiente en su informe “Late Lessons from early warning”, poniendo de manifiesto los peligros de utilizar plaguicidas en la agricultura industrial. La voz de alarma fue dada hace dos décadas, y aun así se ha tardado mucho en actuar.

Legislar con responsabilidad

Los primero pasos fueron dados en enero de 2014 por la U.E al obligar a los productores europeos a utilizar la gestión integrada de plagas, restringiendo la utilización de productos químicos a última instancia.

No obstante, las prohibiciones totales no llegaron hasta mayo de 2018, cuando el Parlamento Europeo se pronunció a favor de la prohibición de tres neonicotinoides a causa de las demoledoras pruebas científicas que sustentan su peligrosidad, no solo para las abejas, sino para muchos otros insectos o animales.

“A la par que las corporaciones presionan y realizan enormes campañas de publicidad para defender sus intereses, desde Greenpeace trabajamos para que las restricciones se amplíen al resto del planeta”, dice con voluntad Luis.

En este sentido la ONG medioambiental, ha pedido al Gobierno de España que ponga en marcha medidas que garanticen una reducción del uso de plaguicidas en un 30% para 2020 y una reconversión agrícola total para 2050.

Otra vía para revertir la situación es crear Grupos de Conservación para Polinizadores, tal y como se ha hecho en Europa. Uno de estos planes, es la Iniciativa de Polinizadores Europea aprobada e impulsada por el Parlamento Europeo. En opinión de Luis:

“La responsabilidad debe recaer sobre los países desarrollados, pues las zonas más afectadas son aquellas en donde la agricultura se ha industrializado en mayor medida; es decir, en EE.UU Y Europa.

En este aspecto, España es uno de los países europeos más afectados debido a la cantidad de plaguicidas que utiliza y a la agricultura intensiva; según Eurostat.

¿Qué efectos tienen los plaguicidas?

Los químicos, a pesar de proteger los cultivos, envenenan a las abejas cuando van a recoger el néctar de las flores, transmitiendo dicho veneno al resto de la colmena a su vuelta. Por otro lado, los insecticidas utilizados para plagas de insectos pequeños producen a las abejas efectos secundarios como la pérdida de vitalidad, fecundidad, orientación, aprendizaje o apetito.

“Hablar de cuantas abejas mueren al año es complicado; las cifras no están claras. El Panel Intergubernamental para la Diversidad y los Servicios Ecosistémicos dice que más del 40% de los invertebrados polinizadores, entre los que destacan las abejas y las mariposas, están en peligro de extinción”, explica el representante de Greenpeace.

Además, hay que tener en cuenta que aún no se sabe al 100% los efectos que tienen las prácticas humanas en la biodiversidad. En este sentido, la Unión de Conservación por la Naturaleza estima dicho desconocimiento en un 70%.

Soluciones tecnológicas

Para aprender más sobre el comportamiento de las abejas, otros polinizadores y las causas de su extinción, universidades y organizaciones de todo el mundo están llevando a cabo impresionantes programas de investigación.

El primero de estos proyectos fue Melixa, un sistema de sensores adaptable a cualquier tipo de colmena que permite conocer en tiempo real y online el estado de la población de abejas y su producción. Melixa fue creado en 2011 por iniciativa privada e impulsado por la aceleradora de startups tecnológicas Industrio Ventures, la Fundación de San Michele all’Adige, un inversor privado y algunos fondos de la UE.

Más tarde, investigadores de la Universidad de Harvard presentaron en 2013 las primeras Roboabejas (RoboBees) dentro del proyecto Micro Air Vehicles (microvehículos aéreos). El objetivo de dicho estudio fue, según el informe de los desarrolladores del proyecto, “desarrollar la microrobótica y el diseño de fuentes de alta energía como mecanismos que puedan ser utilizados en situaciones extremas como catástrofes naturales y atentados”.

A partir de los resultados del proyecto estadounidense científicos de la Universidad Politécnica de Varsovia crearon en 2017 la primera abeja robótica diseñada para polinizar artificialmente, un dron en miniatura que es capaz de encontrar una flor, recoger su polen, y transferirlo cuidadosamente de la flor masculina a la femenina para fertilizarla.

La última noticia relacionada con este tema se emitió a través del World Economic Forum este mes y relaciona directamente a la compañía Walmart con las abejas robot. Según el Foro y la revista Fortune, la corporación acaba de presentar una patente para abejas robots autónomas que cubre específicamente a los “aviones no tripulados de polinización”. Estos pequeños robots podrían actuar como abejas, polinizando los cultivos de forma autónoma usando sensores y cámaras para ayudarlos a navegar hacia los cultivos.

Volver a la tradición

Aunque la incorporación de robots autónomos en la agricultura podría reducir los costes y aumentar la eficiencia de los cultivos, no deja de ser una solución apocalíptica y de ciencia ficción. Las abejas son la base de la cadena trófica y su pérdida supondría el fin de la vida tal y como la conocemos, ya que nuestro modelo alimenticio se vería muy afectado, la economía se resentiría y los ecosistemas se degradarían hasta límites insospechados.

Por lo tanto, si el ser humano no quiere quedarse sin polinizadores debe revertir la situación. Luis Ferreirim lo tiene claro:

“Entre todas las medidas comentadas la que tiene que marcar el rumbo es la prohibición de los plaguicidas y la vuelta a la agricultura ecológica”.

La agricultura tradicional ha demostrado durante milenios que coexistir con la naturaleza es una posibilidad real y sostenible, la cual además de potenciar la productividad y calidad de los productos, proporciona a los agricultores diversidad en los cultivos. En este sentido, combinar los métodos de antaño con la tecnología actual es una solución más que aceptable.

“Puede que las abejas robot sean una solución para un momento determinado y cultivo en concreto, pero perder a los polinizadores demostraría que el ser humano no es la especie Homo-Sappiens, sino la menos inteligente que ha pisado este planeta”, concluye con claridad el representante de Greenpeace.

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