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Denominación De Origen, Palanca Rural

Denominación de Origen, palanca rural

El Parlamento Europeo define la Denominación de Origen Protegida como un nombre que identifica un producto:

Originario de un lugar determinado, una región o, excepcionalmente, un país cuya calidad o características se deben fundamental o exclusivamente a un medio geográfico particular, con los factores naturales y humano inherentes a él, y cuyas fases de producción tengan lugar en su totalidad en la zona geográfica definida.

Además, en el caso de las Indicaciones Geográficas Protegidas, se trata de un nombre que identifica un producto originario de un lugar determinado, una región o un país, que posea una cualidad determinada, una reputación u otra característica que pueda esencialmente atribuirse a su origen geográfico y de cuyas fases de producción, al menos una tenga lugar en la zona geográfica definida.

Ambas designaciones, Denominación de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas, garantizan la calidad de la materia prima de determinados productos, exigiendo requisitos superiores en su elaboración y conservación, y protegiendo, a su vez, los intereses de la zona en la que se originan.  

Y ambas suponen también una garantía que salvaguarda el conocimiento y los métodos tradicionales en cuanto a la elaboración de productos autóctonos, reforzando y poniendo en valor los sistemas de producción de las comunidades locales agroalimentarias.

Otorgándoles, además, una potente herramienta de control que convierte a las D.O. en un sello de calidad para el consumidor, que verifica los procesos y crea en los compradores confianza y tranquilidad.

Todo esto se traduce en una ventaja competitiva de diferenciación dentro de un entorno repleto de productos. Con la garantía de calidad en el origen, se facilita la implantación en el mercado de los mismos, se mejora su competitividad y se posibilita planear estrategias de internacionalización.

Esta delimitación de zonas geográficas desempeña, por tanto, una importante función para las pequeñas comunidades agroalimentarias en España y, sin duda, supone un apoyo para el desarrollo de las zonas rurales. Los beneficios no se limitan solo a la mejora de la producción, si no que afectan a todo el medio que la rodea, mejorando las condiciones de trabajo, potenciando el turismo y preservando el entorno rural.

Una certificación muy beneficiosa que promueve el desarrollo sostenible digna de proteger.

 

 

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